1.- EDITORIAL

En la Teoría del color y las Técnicas de iluminación, se dice que la luz lateral produce sombras muy densas, realzando los volúmenes; con ella se destaca la textura de las formas y cuando es muy intensa llega a dominar el objeto. Puede envolver la ciudad fantasmagóricamente en pura apariencia, proyectar juegos cromáticos y crear metáforas en esa relación del claroscuro, pero también puede ser luz artificial de la vida y quizás allí hay pérdidas y ausencias.

Pablo Palacio, el escritor ecuatoriano de todos los tiempos, la descubrió cuando experimentó por primera vez el elegante fenómeno de alargamiento de los parpados sobre los ojos -como manos curvadas sobre naranjas y que caen con idéntica nebulosidad dulce que el tiempo sobre los recuerdos.

En esta ocasión, Luz Lateral es una revista de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación que se estrena con su ejemplar No. 1, luego del gran ejercicio académico que significó la publicación Cuadernos que cumplió su recorrido en 1997.

Luz Lateral aparece con una novedad, está trabajada totalmente por estudiantes de las Carreras de la Facultad. No es fortuita, ni aparece por generación espontánea. Como ya se dijo en otro espacio: somos un colectivo de estudio, pensamiento, aprendizaje y acción que involucra a la psicología clínica y organizacional, a la comunicación y todas sus dimensiones, a la literatura y su capacidad creadora, a la pedagogía y su permanente vigencia; involucra quehaceres pedagógicos que no proceden de manera lineal sino, al revés, toman la forma de un proceso en constante evolución ¡Somos Filosofía!.

En palabras de sus responsables, Portafolio, Gente, Urbanoides, Arte, son secciones visuales y escritas de Luz Lateral en las que cobran vida personajes inolvidables, de la cotidianidad juvenil, con temas que tratan el amor, la ciudad y sus contradicciones, semblanzas, portadas, anécdotas.

Todos los espacios de Luz Lateral dan cuenta de los escenarios para los que los jóvenes estudiantes de las tres Carreras se preparan, dan cuenta de la conformación de equipos en los que cada uno de ellos ha asumido roles específicos.

Finalmente, elaboraron el perfil de sus lectores, el público con el que ellos dialogarían desde la música, el cine, la televisión, el teatro y los eventos variados. Sus docentes no están fuera, la sección lo Académico será, en su propuesta, ese encuentro.

Frente a Luz Lateral vale la ambivalencia: yo creo, creo en las posibilidades de los estudiantes, porque ellos han creado las acciones necesarias para transformarlas en realidad. A grandes rasgos…..eso es Luz Lateral. Importante y fructífera vida para ella.

María Cecilia Loor de Tamariz
Decana de la Facultad de Filosofía

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2.- STAFF

CONSEJO EDITORIAL
CAROLINA ANDRADE
JORGE MASSUCCO
RAMÓN MURILLO
ELSA CORTÉS

EDITOR GENERAL
RAMÓN MURILLO

EDITOR DE SECCIONES
ELSA CORTÉS

REDACTORES
ESTEFANÍA CARLIER
JOSÉ MIGUEL CABRERA
MARIO VALIENTE
ELSA CORTÉS
RAMÓN MURILLO
GUIDO BAJAÑA
JULIE CAÑARTE
MARIA DEL ROSARIO AROSEMENA
ARTURO CERVANTES

FOTOGRAFÍA
RAMÓN MURILLO
GUIDO BAJAÑA

COLABORADORES
DANIEL OLEAS
ROSANNA BÉJAR
NORA GUERRERO DE MEDINA
RUBÉN AROCA
CAROLINA SALAZAR
CECILIA ANSALDO
GILDA HOLST
MARCELO BÁEZ
JOSÉ ACOSTA
YADIRA BLAKMAN
LUIS MIGUEL ALCIVAR

COORDINADORES
MARIA DEL ROSARIO AROSEMENA
JULIE CAÑARTE
LAURA CALDERÓN

CORRECTORES
JAVIER MARURI
JOSÉ MIGUEL CABRERA

DIRECTOR DE ARTE Y
DIAGRAMACIÓN
ELSA CORTÉS

ILUSTRACIONES
CARLOS PROAÑO
BRUNO CARRANZA

ASISTENTE DE PRODUCCIÓN
CHRISTIAN ARMIJO

AGRADECIMIENTOS
ANDREA OCAÑA,
CLUB ECOLÓGICO
PUERTO HONDO,
COMPLEJO TURÍSTICO
GARZA ROJA


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3.- X X &GOL

Fútbol a control remoto
Se dice que lo hermoso del fútbol es que no tiene lógica, y los videojuegos ofrecen toda una gama de resultados contrarios a la realidad. Comentarios sobre una competencia casi comunista donde la Copa está al alcance de todos.

Es el 12 de junio de 2006. A Iván Kaviedes casi se le ha terminado la cancha, pero con un hábil amago logra sacarse de encima a Roberto Carlos, que se estrella contra el banderín del córner. Entonces, sin siquiera pensarlo, como si sus acciones estuviesen comandadas por un ser todopoderoso, ajeno a su mundo, Kaviedes lanza un centro letal a las dieciocho, donde el Tín Delgado espera el balón para mandarlo de cabeza al fondo de las redes. Nada tiene Dida que hacer. Ecuador gana con un 1-0 transitorio la final de la Copa del Mundo.

José María León pega un salto que desconoce sus doscientas libras y abraza efusivamente a su primo, Luis Eduardo Solórzano, mientras seis jugadores ecuatorianos se abrazan con una torpeza pixelada en el televisor.

Por supuesto, es imposible hallar este partido en los registros de la FIFA. Ese día, la Selección entrenaba en Bad Kissingen con miras al segundo partido por la Copa Mundial de Alemania 2006, luego de la hombrada ante Polonia. La final la ganó Italia recién veintisiete días después. Lo que celebran Luis Eduardo y José María es un resultado que les convierte en campeones de la Copa Internacional, nombre que, por cuestiones de derechos y marcas registradas, Konami concede a la Copa del Mundo en Winning Eleven, uno de los más populares juegos de fútbol para PlayStation. A pesar de que Winning Eleven permite jugar veinte Mundiales en un día, los usuarios gastan más tiempo elaborando estrategias para el siguiente partido que jugando en las canchas virtuales. Es que, aunque la Selección no suba ni un solo escalafón en el Ranking FIFA-Coca Cola, los goles aquí marcados son una cuestión de orgullo personal, y de demostrar a los tres o cuatro pelafustanes contra quienes se juega que uno es superior.

Aunque la Selección no suba un solo escalafón en el ranking, los goles aquí son cuestión de orgullo personal... La última esperanza de un futbolista frustrado se encuentra, ciertamente, en los videojuegos. 13 millones de directores técnicos Poco antes del 10 de octubre de 2009, cuando se decidía si la Tri se iba para Sudáfrica, el presidente de la Ecuafútbol, Luis Chiriboga, declaró en radio que “Ecuador tiene 13 millones de directores técnicos, pero debemos confiar en las decisiones del profesor Vizuete”. Cuál sería la historia si otro hubiera sido el entrenador, es algo que no sabremos. Lo cierto es que millones de personas de todas partes escapan del mundo y practican sus doctrinas, aflorando el DT que tienen dentro cuando hacen fútbol virtual. Los partidos particularmente difíciles conllevan que la pasión se acreciente cuando el balón traspasa la línea de gol, más aún si el equipo es aquél del que es hincha el jugador. Tanto, que incluso el Campeonato Nacional tiene su espacio en este mundo de los fans. En discos repiratas, modificados en computadoras precarias por informáticos anónimos que mueren de ganas de jugar la Liga Ecuatoriana, se decide, entre otras cosas, que Liga de Quito y Barcelona, por los colores de sus uniformes, pueden perfectamente crearse a partir del Real Madrid y la selección de Ucrania.

En los últimos años, internet ha aportado con opciones para que los simples mortales desahoguen sus ganas de participar “directamente” en la gloria que concede el fútbol. Fantasy es una modalidad reciente de las páginas de la FIFA y la UEFA, donde se puede armar equipos propios con los futbolistas que integran los planteles de las Eliminatorias, la Champions League y el Mundial.

Obedeciendo al desempeño de estos jugadores reales, el equipo va puntuando cada fecha, para alimentar el ego del usuar io como DT y la cultura del “te lo dije”, muy de moda en Ecuador tras la eliminación ante Uruguay en las Eliminatorias para Sudáfrica 2010.

La última esperanza de un futbolista frustrado se encuentra en los videojuegos. Las historias escritas en estos pequeños torneos privados emulan y hasta superan las anécdotas dictadas en las canchas de césped y tiza: remontadas en partidos finales más impresionantes aún que el 3-2 de Alemania sobre Hungría en 1954, una selección ecuatoriana campeona de la Copa Confederaciones con tan sólo nueve jugadores al final del encuentro y una larga lista de etcéteras que en la vida real suceden a pasos de tortuga.

Sólo el gol de Hakan Sukur a los 11 segundos en el partido por el tercer puesto de Corea-Japón 2002 se salva, porque en Winning Eleven el tiempo pasa 9 veces más rápido. Pero ello no es impedimento para provocar una reunión entre amigos*, ni para descargar grandes chorros de adrenalina, ni para quemar tiempo cuando el reloj marca los 80 minutos, tal como José María y Luis Eduardo, que en los siguientes 60 segundos ven cómo Ronaldo y Zé Roberto hacen agua un triunfo empeñoso y sus esfuerzos de toda la tarde. Lo lógico: pierden la cabeza el uno con el otro y el otro con el uno. Por suerte, lo que viene después es el reprise del República Checa vs. EEUU, partido en que Tomas Rosicky regalaría al mundo dos goles soberbios, mejores aún que los que se gestan en PlayStation, Nintendo, o cualquier otra consola.

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4.- UNA NOCHE EN EL SWING

“Bienvenidos al Swing, el mejor lugar, exclusivo para caballeros” dice el DJ después de interrumpir una salsa romántica, “La Calentuca se está preparando para hacer su salida al escenario”. Yo irrumpía la exclusividad masculina con mi feminidad: la curiosidad y la necesidad de salir de lo cotidiano me llevó hasta ese burdel donde solo quería observar.

Me senté frente al escenario, frente a esa línea recta de la cual salían dos ramificaciones horizontales. La sutilidad de la luz no me incomodaba, me hacía sentir como si estuviera en un bar. De repente, mientras tomaba un trago el DJ dice “Caballeros con ustedes la más ardiente de todas, la Calentuca”.

Después de esperar alrededor de una hora, ella camina sin vacilar con un sostén y una falda diminuta, mientras el piso del escenario se ilumina de forma parpadeante. Porque ella se arrebata, bata, bata bata bom bom se alborota como si estuviera loca... entona la canción mientras vibra y se esconde el pezón, lo cual me hacía pensar que no se desnudaría. En su piel blanca se refleja la luz rosada y azul del piso, ella se para frente a mí como a una distancia de dos metros.

Yo la miro a los ojos pero ella nunca me ve, sólo se observa a sí misma a través del espejo que está pegado en la pared detrás de los muebles. Baila como si estuviera sola, baila como si la costumbre la hubiera vuelto ausente del público, como si fuera un monólogo de baile erótico.

Con el cuerpo descubierto se baja del escenario mientras el DJ nombra a la siguiente bailarina, ésta en cambio es de contextura gruesa y de senos grandes. Seis hombres que se encuentran sentados hacia mi derecha no conversan, solo mueven la cabeza siguiendo la dirección del rojo de la arandela de su calzón que se bandea con la flexibilidad de sus caderas.

De repente dos mujeres se acercan al grupo y se sientan con ellos para hacerles compañía. La bailarina se va y sube otra con un traje negro que le tapa todo el cuerpo, como si fuera un traje de baño de una sola pieza, pero que en la espalda solo deja un triángulo que se forma en la parte superior de su trasero.

Ella es la única que observa a la gente, la que se ríe al bailar, la que emana, con su cabello largo, ondulado y negro, sensualidad y lujuria. Se dirige al tubo que está hacia mi lado derecho, frente al grupo de los hombres, se desliza dando vueltas sobre el mismo, ellos quedan absortos al verla bailar y uno de ellos se para, le dice algo al oído y le da un billete.

De repente, ella se baja del escenario y se sienta encima de un hombre y comienza a desnudarse sobre él. Sus manos se deslizan sobre sus senos, y vuelve a subir al escenario.

Con la música de Bon Jovi “Always” baila con mayor tranquilidad, pero cada vez más sensual. Mientras alza la pierna lentamente y se la sostiene con una mano, se le ve un piercing que brilla desde su vagina. La música cambia y suena “Don’t cry” de Guns N’Roses, ella se mueve en posición de tigre, contrae y extrae su abdomen bajando la cabeza para después alzarla con agresividad y sentir su cabello caer sobre su espalda, se para y nuevamente se lanza sobre el tubo. Esta vez gira con ambas piernas abiertas y con su cabeza cerca del piso, mientras va cayendo sobre su espalda. Se escucha el roce de su piel sobre el tubo, su música acaba y se va. No sólo observé sino que también gusté del ambiente, de las mujeres, del baile… del burdel.

El tiempo transcurrido, más los movimientos reiterativos comenzaron a cansar mi curiosidad, vi bailar a otras tres mujeres, me paré, caminé en medio de varios hombres, y salí. Creo que los burdeles no son espacios exclusivos del sexo masculino, el tabú que se ha creado alrededor de esto no es más que un mito. Las mujeres se desnudaban, los hombres observaban como si estuvieran viendo un partido de fútbol, y yo solo quería descubrir el mundo de un burdel.

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5.- EL TÍO SERVICIO MÁS ALLÁ DE LA COCINA

Pocos saben que el Tío se llama Máximo Ponce. Como pocos saben que Marilyn Monroe nació con el nombre de Norma Jeane. O que Pablo Neruda en realidad se llamó Neftalí Reyes. Pocos saben. Pero eso es lo de menos: los nombres artísticos siempre son superiores a los de pila, especialmente en las celebridades; y el Tío, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, es una de ellas.

Antecedentes Todo apodo o nombre artístico tiene un pasado, y el de Máximo tiene nombre y apellido: se llama Andrés Moreno (+). Fue él quien lo bautizó como “Tío”. Hoy, después de que han transcurrido siete años, en los que se han graduado más de 800 estudiantes, esa denominación no sólo que perdura, sino que ha logrado imponerse sobre el nombre natal de la persona encargada de alimentar, diariamente, a casi trescientos cincuenta estómagos.

Estómagos que, dicho sea de paso, pertenecen a estudiantes o profesores que pasan más tiempo en la universidad que en sus casas. Máximo Ponce llegó a la Universidad Católica el 4 de julio de 2002. Lo hizo con la firme convicción de que podría aplicar los conocimientos de arte culinario que había adquirido en el Unipark Hotel, donde en ocasiones se desempeñaba como ayudante de cocina. Aquel día se le asignó la responsabilidad de dirigir el bar de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación.

Fue en esa época en la que empezó a dar vida a los Club Sándwiches y a los hot dogs; a las bandejas y hamburguesas; a los pasteles de carne y pollo; a las tostadas mixtas y de queso; y a todos aquellos alimentos que hasta la fecha sigue haciendo. Los preparaba en la pequeña sala que hoy pertenece a la Asociación de Estudiantes. El espacio que se le asignó era provisional: mientras tanto, se efectuaban los arreglos del bar metálico en el que actualmente labora. La dueña del negocio era —y continúa siendo— Teresa Rivadeneira, una mujer alta, de cabello lacio muy corto, que acaba de cumplir 42 años, gran parte de ellos dedicados a la preparación de comidas. Para este nuevo proyecto que pretendía llevar a cabo, además de contar con Máximo, decidió confiar en una persona que trabajaba en su cocina, una mujer con nombre de cantautora salsera, pero que no lo era: Celia Cruz. “La señora que en esa época era mi ayudante —que se llamaba Celia Cruz— ya había trabajado anteriormente en la casa de la dueña del bar. En esa casa también trabajaban la hermana y los sobrinos de Celia. Entonces le decían: ‘Tía, pique la cebolla’, ‘Tía, páseme la sal ’, ‘Tía, cocine el pollo’. ¡Todos la llamaban Tía! Todos. Y yo, como a veces iba a esa casa para ayudar a cocinar, también me acostumbré a llamarla así. Cuando vine a trabajar en la Facultad, ya no pude llamarla de otra forma”, dice Máximo Ponce, jipijapense de cincuenta y dos años, casado con Rosa García (la “nueva” Tía).

Habían transcurrido tres semanas desde que Máximo y Celia habían pisado por primera vez la Facultad de Filosofía. Tres semanas que fueron suficientes para que se divulgue la costumbre de llamar “Tía” a la señora Celia. Todos la llamaban así. Aquel día, Andrés Moreno, estudiante de Comunicación y natural de Portovelo, se acercó al bar y, con una pregunta tajante, cambió para siempre la historia de la Facultad: “¿Y a usted, don Máximo, también lo podemos llamar Tío?”. El valor agregado del Tío “El Tío es mucho más que cualquier persona de la facultad. Si él no estuviera, (los estudiantes) viviríamos en un mundo alterno. Él es una pieza indispensable en una edificación; si él no estuviera, seguramente se derrumbaría.

En cambio, si faltara un directivo, una secretaria o un profesor, los alumnos podrían sobrevivir”, comenta Gaby Prieto, alumna de octavo ciclo de Literatura. Ella, al igual que sus compañeros, han crecido junto con él, y no sólo se han convertido en sus clientes, también son sus sobrinos. Dentro de la Facultad, los profesores enseñan y los directivos se encargan de hacer las gestiones para que todo marche bien. La función del Tío va por otro lado. Él inyecta, fuera de las aulas, los conocimientos que no requieren de pizarrón ni de bancas para ser enseñados. Es el encargado de dictar la cátedra de la vida.

En una Casa Abierta, Gaby y algunas compañeras de su ciclo estaban trabajando en diferentes actividades. El Tío, desde la visión privilegiada que le regala el desnivel en el que se encuentra su bar, las había observado toda la mañana. Los rayos del sol golpeaban directamente sobre la Facultad. Las chicas, exhaustas por tanto trabajo, decidieron recostarse sobre el césped, en sentido contrario al bar, soportando a un sol que no dejaba de acosarlas. En ese momento, el Tío aceleró todos sus movimientos: abrió su refrigeradora de varios pisos, cogió todas las botellas de agua que pudo, las puso sobre el mesón y comenzó a repartir cuantas fueran necesarias para hacer frente a un calor que no cesaba.

—¿Las botellas corrieron por su cuenta?— le pregunto. —Sí, claro. Todo eso salió de mi bolsillo para darles a las sobrinas. ¡Imagínate verlas todo el día trabajando! Me dio mucha pena. La faena del Tío comienza a las seis de la mañana, aunque nadie lo note. Se encierra en su bar, se coloca un mandil y gorro blanco —el cual le da un aspecto muy jocoso— y se dedica a cortar. Ya sean pedazos de queso, que luego serán colocados equitativamente en las tostadas que carecen de bordes; o pollos enteros, para convertirlos en pequeñas porciones que puedan caber en cada uno de los cuarenta Club Sándwiches que, a diario, prepara; o cebollas y tomates, para las bandejas; o la carne para sus célebres pasteles y empanadas. Todo eso hasta que el reloj marca las ocho y media, la hora permitida, el
momento en que se lo puede ver.

En ese instante abre la puerta lanford, y, cual artista en museo, pone en exhibición todo lo preparado. Pero existen ocasiones en las que
sus sobrinos no pueden esperar y acuden, para hacer sus pedidos, por la parte lateral del bar. Como a esas horas las manos del Tío están ocupadas con tanto cuchillo, el sobrino puede coger lo que desee comprar.

O prepararse un café lo suficientemente cargado como para aguantar una clase a las siete de la mañana. Después deja el dinero sobre la mesa. Si necesita vuelto, lo agarra. Una especie de self-service. Confianza de familia, claro. La misma confianza que, hace cuatro años, le otorgó a Diego Gómez, quien en ese entonces se encontraba en segundo ciclo de Comunicación Social. Un día Diego se acercó al bar. Y no era porque tenía hambre.

—Tío, vengo a despedirme. —¿Cómo así, sobrino? ¿Ya terminaron tus horas de clase? —No. Vengo a despedirme porque me voy a retirar de la “U”. —¿Por qué? —Lo que pasa es que los profesores no toman en cuenta mis opiniones. Es como si no valiesen. El Tío fue al grano: “Tú tienes que estudiar. Lo demás no importa. Esfuérzate, estudia, prepárate y vas a ver que con el tiempo tus opiniones van a ser tomadas en cuenta. Pero no puedes retirarte de la universidad”. Diego dijo que lo iba a pensar, y se fue sin despedirse. Al día siguiente regresó. —Tío, lo he pensado: creo que tiene razón, voy a seguir estudiando. Y continuó. Y no paró hasta que se graduó. Hoy es un periodista de ETV Telerama. El Tío vivió en Jipijapa-Manabí hasta los dieciocho años. Desde los cinco se dedicó, sobre todo, a la agricultura. A simple vista, el rigor del campo le dejó dos vestigios ineludibles: una piel morena, que al parecer ganó por enfrentarse a un astro que pega muy fuerte; y unas manos que dicen que ha trabajado con tierra. En su ciudad natal aprendió a sembrar y a cuidar el ganado; en el bar, a cultivar lecciones de vida y a velar por sus sobrinos. Acaso más difícil la segunda que la primera tarea.

Uno de los sueños del Tío es regresar a su tierra. Talvez porque es consciente de que eso es muy difícil, se trajo un extracto de Jipijapa a la Facultad. Ahí sembró una mata de hierbaluisa, la cual una vez revivió —en el sentido no literal de la palabra— a una estudiante de Economía. La chica se había desmayado. Una amiga la cargó. Cuando llegó al bar de Filosofía, la chica afectada ya estaba consciente. Estaba mejor, pero no del todo: aún se sentía mareada. Nuevamente, estaba a punto de caer. El Tío aplicó sus conocimientos ancestrales: le dio un té de la planta que había sembrado. Un té muy caliente. La chica se sintió mejor. Dos horas después regresó para darle las gracias. El Tío puede fallar cuando intenta encontrar el punto exacto de cocción de un pedazo de carne; pero cuando predice algo, lo más probable es que le dé al blanco. Como cuando, observando el empeño de Y continuó. Y no paró hasta que se graduó. Hoy es un periodista de ETV Telerama.

Merlin Ochoa en su época de alumna, le dijo: “Merlin, usted estudia mucho y todo lo hace muy bien. Tenga la plena seguridad de que en el lugar donde usted realice las prácticas, se va a quedar de largo”. Llegó el día en que Merlin tuvo que poner a prueba el buen ojo del Tío. Estaba haciendo las prácticas en Ecuavisa, le faltaban pocos días para terminar, y los dueños del canal aún no le habían hecho ninguna propuesta de trabajo. Un día, Merlin llegó al bar. Era de noche y hacía mucho frío. Corrió y fue directo donde él, y lo primero que hizo fue abrazarlo.

-Tío, no me falló. Lo que usted dijo, sucedió: ya estoy trabajando en el canal donde hice mis prácticas. Merlin se despojó de la chompa que llevaba puesta, la cual tenía impreso el logotipo del canal, y se la entregó al Tío. Él no quiso recibirla, pero su sobrina insistió: “¡Esa chompa es suya!”. Terminó por aceptarla. Usualmente la utiliza en las noches de verano, por debajo de su inconfundible mandil.

Hace algunos meses, una chica —que actualmente está haciendo la tesis en Comunicación— se acercó al Tío para contarle que se había gastado todo su dinero en un concierto de Ricardo Arjona y que, por lo tanto, ya no tenía fondos para pagar la pensión. Él, primero, la recriminó, y después la ayudó: “Mira, ahorita yo no tengo dinero, pero puedo contactar a una persona que podría prestarme”. Y lo hizo. Consiguió trescientos dólares y su “sobrina” pudo pagar la pensión.

En otras ocasiones, ha sacado dinero de su bolsillo: “A veces mis sobrinos han acudido a mí, un poco melancólicos, para contarme que
sus padres se quedaron sin trabajo, que no pueden pagar la pensión y que no les pasan las notas. Cuando yo he tenido dinero, les he prestado”, dice quien, recientemente, fue calificado como fumador pasivo. Gajes del oficio: sus sobrinos siempre fuman cerca de él. El Tío no debería existir Pero nada de lo contado debería haber sucedido, porque el Tío no debería existir. Si vive es porque “tocó madera”. Ocurrió en 1994, ocho años antes de que un tal Andrés Moreno lo había llamado, por primera vez en la Facultad, “Tío”. Aquel año, Máximo Ponce acudió a la casa de un amigo para ayudarlo a construir una losa. Máximo agarró un fierro de tres metros que no era pesado, pero sí inestable. El fierro tambaleaba. Con su mano diestra, lo elevó para evitar que se cayera. Sin embargo, lo que no evitó fue
que roce un cable de alambrado público. En milésimas de segundo, 350 voltios pasaron por su mano, brazo y pierna derecha.

Tuvo quemaduras de primer, segundo y tercer grado. Estuvo un mes internado en la Clínica del Se- Y lo hizo. Consiguió trescientos dólares y su “sobrina” pudo pagar la pensión. guro; y otro, en su casa, en recuperación. Cerca del 40% del cuerpo de Máximo tiene vestigios de quemaduras, especialmente su pierna y palma derecha. “Yo vi la muerte. Cuando me estaba muriendo, exclamé al Señor. Me acuerdo que le dije: ‘¡No, Señor, por amor a mis hijos, no, no! Entonces Dios me dio una nueva vida. Pero quedé como muerto. No resistía que nadie me tocara. Me tuvieron que coger de la camisa y del pantalón. Mi cuerpo quedó como molido por toda la descarga eléctrica. Tuve mucha suerte porque pocos son los que se salvan en accidentes como esos”, asegura quien tiene tres hijos: un Ingeniero en Contaduría Pública y dos estudiantes universitarios. En el momento del accidente, Máximo pisó unas tablas de madera. Esa fue una coincidencia que le regaló la vida. Coincidencia que, a su vez, le salvó la vida: la madera es un aislante de la electricidad. Lo normal era que camine por más fierros pues prácticamente todo el sitio estaba cubierto de ese material. Si hubiese sido así, todo su cuerpo se habría pulverizado a los pocos segundos. Y Diego Gómez no hubiese sido periodista. Y la estudiante que actualmente está haciendo las prácticas no hubiese podido pagar su pensión. Y la chica de Economía, que se desmayó, hubiese tardado más tiempo en recuperarse. Y Merlin Ochoa no estaría trabajado en Ecuavisa. Y Gaby Prieto y sus compañeras se podrían haber deshidratado. Y jamás hubiese existido una persona con más de mil sobrinos sobre la faz de la tierra.

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6.- ¿ADÓNDE VAS?

Sueña un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol. Muchacha piel de rayón, no corras más. Tu tiempo es hoy. Luis Alberto Spinetta Ya no era la misma. Vivía corriendo de un lado para el otro, enredándose el pelo, haciendo sonar sobre la banca sus dedos, pulseras y lápices. Apenas se despedía de sus amigos haciéndoles de la mano, a veces con un beso volado. Trataba de encontrarme con sus ojos pardos, pero me los escondía. Quería ver que llevaba en esa mochila que parecía pesarle tanto. No podía acercarme porque todo el tiempo ella estaba hablando, explicando, discutiendo. Había empezado a vestirse como señorita.

De nuestros tiempos sólo llevaba sus zapatos azules. El viejo programador había vuelto al cine del puerto y fui a verlo. Ese día la hallé allí, acurrucada, esperando a que la función comenzara. Me senté en la misma fila a una silla de ella. Me miró y me regaló un ademán de sonrisa. Traté de pronunciar su nombre por más de diez minutos pero no podía interrumpirla. Cuando estuve a punto de hacerlo las luces de la sala se apagaron del todo y ella se iluminó. La vi como antes, fresca y desbaratada. Solo que entonces era más chica y no tan pálida. Ahora que él había regresado, ella, la antigua, también podía volver. Y era buena señal verla entregada de nuevo a la causa. Se reía con lo que la gente decía cada vez que la anciana alemana le mostraba los pechos al productor de cine. Se dio cuenta que yo la miraba así que cambiaba la cara. Al final se cubrió los ojos como si eso fuera a cambiar las cosas para la mujer. Se puso la mochila sumamente despacio, se paró frente a mí y me miró como si me esperara. Yo me quedé sentado, malhumorado, escuchando los absurdos reproches que algunas personas le hacían a la película.

La alcancé en el escalón noventa. Me senté a su lado. Ella veía a la gente que paseaba.
—Es la primera vez que no huyes.
—Es hasta ahora que vuelves a hablarme.
No pude responderle nada, ella miraba las luces de la ciudad. Saqué un tabaco de mi bolsillo. De pronto me dijo “chao” y bajó las escalinatas de prisa. Se me perdió en la mitad del Malecón. Al día siguiente estaba de nuevo rígida y ordenada, con las ojeras más marcadas que de costumbre. Fue la única que entregó la tarea de Historia de la Crítica. Antes de que terminaran las clases le pasé una nota con el nombre de la película que pasaban esa noche. Ella se volteó, me miró a los ojos y con la cabeza me dijo que sí. Llegué tarde para la función, y ella no había entrado. Estaba sentada en una de esas bancas que están casi junto al río. Me acerqué y empezó a recriminarme por la película que nos estábamos perdiendo.
—Ya cállate— le dije desesperado.
Y ella se rió de mí. Me senté a su lado, la invité a que pusiera su cabeza sobre mi hombro.
—No puedo dormir.
Y le canté Más guapa que cualquiera. Bien sabe que podría ser una de ellas. La tomé de la mano y la saqué a bailar, se escuchaba de lejos a Los Iracundos: Puerto Montt, Si te acuerdas de mí, De los dos fue el mundo. Se vio dócil y se apartó de mí. Ya iba a recoger la bendita mochila, pero le dije que se quedara, que aún era temprano, que yo la acompañaba hasta a su casa, que allá no iba a poder dormir. Sus ojos estaban rojos. Nos sentamos otra vez y se apoyó en mi hombro. Quiso contarme la causa de su insomnio, las cosas que tenía que hacer, pero la volví a callar y ella se dejó. Acaricié su rostro y le di un par de besos en su cerebro cansado. Se durmió enseguida y le canté otras canciones que nos gustaban a los dos. Esa noche nadie nos interrumpió.

El amanecer la sorprendió entre mis brazos. Por un rato largo no dijo palabra, y tampoco me miraba. Se restregó los ojos, agarró su mochila y me agradeció. Me enloqueció que no entendiera nada hasta cuando la volví a ver... llevaba puestos sus zapatos azules y su camiseta vieja de Charly García y ya no cargaba ninguna mochila.

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7.- COMO CONSEGUIR CHICAS

Carlos Cuauhtémoc puede vender cuántos libros quiera, pero el forjador de la autoayuda siempre será Publio Ovidio Nasón, un escritor romano —de esos de toga y sandalias— pionero en la inteligencia emocional, que vio el problema y le halló solución hace dos mil años en su libro El Arte de Amar.

Investigando por medio de encuestas llenas de preguntas inescrupulosas, he comprobado que los principios básicos del libro siguen vigentes. Así que aunque hayamos cambiado las cartas de amor por los mensajitos de celular, me animo a darles un resumen de estas técnicas milenarias a prueba de tontos, intercalando fragmentos del original y una “traducción” a nuestra vida actual, para que puedan conseguir la chica que quieran:

Primeramente haz de abrigar la certeza de que todas pueden ser conquistadas, y las conquistarás preparando astuto las redes. Y cuando dice todas, se refiere a todas: solteras, casadas, intelectuales, reinas de belleza, feministas y punqueritas... después de todo, ¿quién no quiere amor en su vida? Sé testarudo y posiblemente la consigas. Ahora que sabes que puedes: encuéntrala.

No esperes que el cielo te la envíe en las alas del Céfiro; esa dicha has de buscarla por tus propios ojos. Esta mujer va a significar tiempo, trabajo y dinero, así que mucho cuidado al escogerla. Ovidio los mandaría a buscarla al teatro, los foros y las carreras de corceles; siendo prácticos y actuales, traduciremos esto a discotecas o bares, reuniones entre amigos, lugar donde se estudia o trabaja, y el internet. ¿Tienes un objetivo? Es hora de “abordarlo”. Luego buscas un pretexto cualquiera de conversación, y que tus primeras palabras traten de cosas generales. El clima, la música y lo que ella estudia han abierto camino a muchas relaciones, pues, a pesar de que se nos advirtió que no habláramos con extraños, hacemos caso omiso de la regla. Cuando ya sepas qué le interesa, entusiásmate al respecto, aunque realmente lo encuentres sumamente aburrido —aquí es cuando resulta útil leer Cosmopolitan.

No te iría mal lanzarle un par de piropos acertados (ojo, acertados... nada de “mamita, si caminas como cocinas me como hasta el cocolón”), pues hasta la mujer más casta se deleita cuando oye un elogio a su hermosura. Bien se sabe que el que no tiene la pinta, tiene la labia.

La negligencia constituye el mejor adorno del hombre, tu look debe decir “no como ni duermo por pensar en ti”. Sin embargo, no es excusa para andar andrajosos, por lo menos sean capaces de ponerse Axe, sobre todo porque las propagandas no mienten: ese desodorante atonta a las mujeres.

Ante todo, haz por conocer a la criada de la joven que intentas seducir, para que te facilite el primer acceso. Tener a la mejor amiga de tu lado es útil para que te “haga el play” o para que la convenza de que te perdone cuando te equivoques. En el caso de que hayas caído en la inevitable categoría del “mejor amigo”, toma cartas en el asunto: entre más tiempo estés ahí, más probable es que ahí te quedes.

Si te hace falta valor o no sabes cómo acercarte, el “coraje líquido” puede ser una buena solución. El vino predispone los ánimos a inflamarse enardecidos, y entre Jack Daniels y José Cuervo se asegurarán de que seas capaz de, por lo menos, hablarle. Sin embargo, con mesura: que los vapores del vino no lleguen a trastornar tu cabeza.

Ahora que es “tuya”, ten cuidado con ella. Protégete contra sus ojos brillantes y labios en puchero: aunque lo evites con cautela, te sonsacará algo; la mujer tiene mil medios para apoderarse del caudal de su apasionado amante. Lógicamente tienes que darle algo el día de su cumpleaños y en ocasiones “especiales” —mesarios y aniversarios—, pero no permitas que te deje en bancarrota. Para no quedarte sin un centavo es una buena idea dejar los regalos en simples promesas.

Por otro lado, es peligroso ensalzar a la que amas en presencia del amigo; como estime merecidas tus alabanzas, trata de quitártela. Si ella es guapísima, genial y es capaz de hablar de fútbol tanto como de moda, guarda el secreto y no la estés presumiendo.
Dos mil años han sido suficientes para que se den cientos de revoluciones, para que las distancias se acorten por medio de un teclado y la capa de ozono se agujeree, pero no para cambiar la forma en que el hombre conquista a la mujer. El porqué lo sabrán los psicólogos del mundo. Yo sólo sé que, a diferencia de antes, los hombres ya no son los únicos que “cazan”, sino que “son cazados” —y muy efectivamente, cabe recalcar. Pero esos secretos dan para otro artículo, quizás en otra entrega.

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8.- EL PELOTEO CUANDO LA CALLE SE VUELVE CANCHA

Hace algún tiempo hice una visita al suroeste de la ciudad, un domingo a las cinco de la tarde. Recuerdo que, para llegar a mi destino, tuve que atravesar unas cuatro o cinco canchas de indor futbol, improvisadas en medio de la calle. Esta vez, he decidido volver a esta zona, rica en tradiciones, para contar más detalles acerca de uno de los deportes más populares de la cultura urbana guayaca.

Según Kapuscinski, el periodista no solo debe contar una historia, sino que debe vivir dicha experiencia. Así que me preparé con todas las de ley: camiseta de algodón, pantalones cortos, medias casi hasta las rodillas y zapatos deportivos. Salí de casa a las dos de la tarde. Tomé el bus y, pese a mis esfuerzos por no llamar la atención, dos tipos que estaban sentados frente a mí se dieron cuenta de la pinta que traía y empezaron a hablar: Zapatos Venus: marca oficial del peloteo

—Hace chance que no peloteo, loco.
—Habla serio… yo pelotié la semana pasada.
—Y ¿dónde peloteaste?
—Nosotros peloteamos cada sábado en la canchita, tres por cabeza y se pelotea en chévere. Así, durante los próximos minutos, comprendí que aquello sobre lo que iba a investigar era más que una tradición deportiva; se había convertido en un verbo que se podía conjugar, con gran entusiasmo y en todas sus formas; menos en una:

—Chuta loco, horita ando peloteado.
Pronto llegué a la calle Portete y supe que estaba cerca del lugar al que me dirigía. Hurgué en mi memoria los detalles exactos de la dirección y no tardé en encontrar indicios de que estaba en la ruta correcta. Doblé a la derecha un par de cuadras y llegué a aquel lugar donde, tiempo atrás, se podía ver, a lo largo de toda la calzada, gente ruborizada y sudorosa corriendo detrás de una pelota. Para mi sorpresa la calle estaba desierta. Solo se veía una botella de plástico vacía que, poseída por el viento, caía de la acera en la que dos niños corrían a esconderse tras las puertas de sus casas. Nada más había alrededor y el silencio de la tarde hacía aún más lamentable aquella imagen que mis ojos no podían creer. Con la frustración a cuestas caminé hacia una tienda cercana. La encargada, una señora de unos 60 años aproximadamente, me dijo que no me preocupara, que la gente saldría en cualquier momento. Ella lo sabía, no en vano había sido, desde hace 8 años, la encargada de proveer de agua, colas y cervezas a los jugadores exhaustos al término de cada partido. Poco tiempo después, salió, de una de las casas, un sujeto que llevaba consigo una pelota pequeña forrada de cuero y se puso a hacer malabares con ella en medio de la calle. Detrás de él, otros dos sacaban unos arcos de estructura metálica, que les llegaban a las rodillas.

Empezaron a pasarse el balón entre ellos al tiempo que silbaban para que el resto de los jugadores saltaran a la cancha. Inmediatamente, aquella calle que minutos atrás tenía el aspecto de un pueblo fantasma, se llenó de individuos vivarachos y mal hablados que se mostraban ansiosos de que empezara el partido. Los niños también participaban de la fiesta jugando en las aceras, mientras los adultos mayores se ubicaron en los portales y los balcones de las casas, listos para presenciar el juego. Me acerqué hacia donde se encontraban aquellos que esperaban su turno. Uno de ellos, de nombre Carlos, aceptó mi propuesta de ser entrevistado en medio de las burlas de sus compañeros.Me contó que llevaba cuatro años viviendo en el barrio y que cada domingo salía a jugar para distraerse y hacer un poco de ejercicio. Sus dos hijos jugaban en la vereda y su esposa, con un recién nacido en brazos, nos miraba desde la ventana de su casa. Todos aquí somos familiares o amigos, me decía, y, después de contarme unas cuantas anécdotas, me explicó rápidamente la modalidad del juego:

Dos equipos se enfrentan hasta que uno de ellos haga tres goles. Entonces, el perdedor sale y da paso al siguiente equipo que aguarda al pie de la cancha. De repente cayó el tercer gol de uno de los equipos y un grito ensordecedor dictaminó el fin del partido. Era el turno del equipo de Carlos y mi oportunidad de debutar.

—Siéntate, Chicho, para que juegue el flaco—, sonó la invitación.

Acepté sin dudarlo pero tenía una preocupación: mi cámara, el celular y la billetera no me permitirían moverme con libertad dentro de la cancha. Finalmente le encargué mis cosas a Chicho, aunque no le tenía mucha confianza. Lo primero que noté es que el balón era duro y pesado. Sin embargo, me inauguré en el partido con un magistral pase de taquito que hubiera arrancado los aplausos de los espectadores si no hubiese Empezaron a pasarse el balón entre ellos al tiempo que silbaban para que el resto de los jugadores saltaran a la cancha. Acepté sin dudarlo pero tenía una preocupación: mi cámara, el celular y la billetera no me permitirían moverme con libertad dentro de la cancha... sido interceptado por un jugador del equipo contrario.

Luego descubrí por qué no había visto ningún tiro libre o cobro de falta: es que al parecer, las patadas eran permitidas, y mi tobillo derecho podía dar fe de esta afirmación. Pasaron los minutos y mi equipo tenía pocas probabilidades de llevarse la victoria. Yo quería concentrarme más en el partido para levantar el ánimo de mis compañeros, pero de cuando en cuando me distraía por verificar si Chicho aún estaba ahí con mis cosas o porque algún carro atravesaba la cancha deteniendo el juego. Poco después el mismo adversario que me propinó la patada en el tobillo, me dio otra aún más fuerte.

Entonces la cosa se volvió personal. Comprendí que este juego no es solo cuestión de técnica y sacrificio, sino también de coraje y honor. En la primera oportunidad que tuve, le di al agresor un puntapié desprolijo en la rodilla, al estilo de la WWF. Entonces todos sus compañeros se lanzaron contra mí y empezaron a empujarme y reclamarme por mi brusca entrada. Probablemente, de no haber sido por la intervención de Carlos, ustedes, queridos lectores, jamás hubieran leído esta crónica. Finalmente perdimos el partido y todo volvió a la normalidad.

Entonces la cosa se volvió personal. Comprendí que este juego no es solo cuestión de técnica y sacrificio, sino también de coraje y honor... Chicho me devolvió mis cosas y, en agradecimiento a él y a Carlos, pagué las colas y cervezas. La dueña de la tienda me regaló un poco de hielo para mi pierna mal herida y así llegó la noche. Los jugadores abandonaron la cancha que volvió a convertirse en calle. Los niños regresaron a sus casas y los adultos mayores desalojaron los portales, quedando una vez más el ambiente lleno de soledad y calma.

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9.- ALGUNAS REFLEXIONES PSICOANALITICAS SOBRE EL AMOR

Hablar de amor se viene haciendo desde las épocas más remotas; ya en la antigüedad clásica, el amor constituía un tema de interés capital y así nos lo hizo saber Platón en El banquete, en esa hermosa dialéctica sobre el amor. Filósofos como Descartes, Hegel, Kant, quienes buscaron asegurar en el pensamiento una influencia sobre la realidad, prescindieron de la turbación de la experiencia amorosa para dar cuenta de sus dialécticas universalizantes, pero no pudieron dejar de lado el amor, aunque lo redujeron a una especie de viaje iniciático hacia el Bien Supremo o el Espíritu Absoluto. El psicoanálisis también se ocupó del tema y, más aún, fue a Freud a quien se le ocurrió apostar por el amor, al incluirlo como operador en su dispositivo analítico con el nombre de amor de transferencia; amor que aunque sea particular, en el sentido de que está destinado a un sujeto que supuestamente sabe, no implica en absoluto que sea diferente del amor a secas. Fue necesario para Freud construir una teoría sobre el amor, y si bien son muchos los textos donde hizo alusión a su esencia y a la complejidad de sus manifestaciones, él precisó sus conceptos fundamentalmente en dos momentos de su escritura: “Introducción del narcisismo” y El malestar en la cultura. El punto de partida está puesto en la indefensión original del ser humano, esa indefensión que según Freud se convierte en “la fuente primordial de todas las motivaciones” y que da lugar, por un lado, a su dependencia del amor del Otro, a su dependencia de la presencia esencial del Otro exterior, de ese gran Otro primordial, lugar donde se constituye; y por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, a la constitución imaginaria y alienante de su yo, constitución que lo convierte en el primer objeto privilegiado, objeto sobre el cual recae el amor, amor por la imagen de sí mismo, que conocemos con el nombre de narcisismo. Es indiscutible que el gran descubrimiento freudiano acerca del tema del amor es haber encontrado que su esencia es narcisística, que en toda relación amorosa uno se dirige al otro porque a través del otro uno se dirige a sí mismo, que la relación amorosa está esencialmente fundada en un movimiento de idealización del objeto, movimiento por el cual el sujeto “aquello que proyecta ante sí como un ideal es la sustitución del perdido narcisismo de su niñez en el cual era él mismo su propio ideal”. La equivalencia absoluta planeada por Freud del objeto amoroso y del ideal del yo en la investidura amorosa, es un fenómeno notable y es lo que permite explicar por qué las elecciones amorosas del tipo neurótico siempre se llevan a cabo en una sobrestimación y unaidealización máxima del objeto, indicando con ello que el narcisismo determina ineludiblemente la relación de objeto. Si bien es cierto que este amor narcisístico, amor que se construye en la dimensión imaginaria, es la posición central de la teoría freudiana del amor, cabe preguntarse por qué el mismo Freud distinguió claramente este tipo de elección conforme a su propia persona, de la elección de objeto conforme a la imagen de la madre nutriz y el padre protector. Una respuesta posible es que el término anaclisis, que significa apoyo y que es usado comúnmente para referirse a un tipo de elección, la anaclítica, es un término ya situado previamente por Freud en el centro de las teorías de las pulsiones, cuyo principal sentido estribaba en establecer una relación y una oposición entre las pulsiones sexuales y las pulsiones de autoconservación. Tenemos entonces la génesis de la elección de objeto tal como la describe Freud y es la misma que más tarde calificará de tipo de elección objetal anaclítica, momento además que le permite al sujeto dos salidas distintas para la elección de objeto amoroso. El individuo –dice Freud– tiene dos objetos sexuales primitivos: él mismo y la mujer nutricia, es decir dos tipos de elección amorosa que se mueven en dos ejes diferentes: 1. Un amor al otro semejante, como otro imaginario, amor a lo mismo; y 2. Un amor al Otro en su condición de gran Otro primordial, es decir, en su dimensión simbólica. Siendo el amor en su dimensión imaginaria el más conocido y trabajado, mi interés está puesto en el así llamado tipo de elección amorosa anaclítica, es decir en esa posible relación de amor entre el sujeto y el gran Otro como alteridad radical. Dra. Nora Guerrero de Medina Resumen del ensayo de la Veamos entonces algunos textos freudianos: en el capítulo IV de El malestar en la cultura, Freud señala que debemos suponer que la constitución de la familia estuvo vinculada a cierta evolución sufrida por la necesidad genital del macho. Esta necesidad que en un principio se podía considerar transitoria, es decir, factible de agotarse una vez satisfecha, se convirtió en permanente, determinando que “el macho tuviera motivos suficientes para conservar junto a sí a la hembra, o en términos genéricos a los objetos sexuales”. La hembra por su parte, en una posición activa con respecto a su prole inerme y no queriendo separarse de ellos, se vio obligada a permanecer junto al macho más fuerte que pudiera protegerlos. Estas suposiciones freudianas nos llevan a preguntarnos:
-¿Cómo se produjo en el macho el pasaje de lo transitorio a lo permanente, de su necesidad genital?
-¿Por qué la hembra no pudo separarse de su prole?

Freud responderá: por amor; y enfatizará que son las mujeres las que originalmente establecieron el fundamento de la cultura con las exigencias de su amor y ellas representan los intereses de la familia y la vida sexual. Sin dejar de lado este planteamiento, me parece que Lacan da aun un paso más cuando dice que lo que allí opera en definitiva es la aparición misma de la ley de la palabra en su origen más primitivo, en el sentido de que “das Ding estaba ahí en el comienzo y que es la primera cosa que puede separarse de todo lo que el sujeto comenzó a nombrar y articular”. Se trataría entonces de la Ley primordial que actúa sobre la Cosa, y que al mismo tiempo que abre una distancia con la Cosa, funda la palabra y permite al sujeto el ingreso al mundo del lenguaje. Esta primera forma de legalidad que Lacan construye teóricamente, la hace operar a un nivel más fundamental que la del Edipo, es decir, aquella ley introducida según Freud por la función del padre.

Freud dirá acerca de la Ley, que ella marcará el paso de la familia primitiva a la fase totémica, donde los hermanos se impusieron mutuamente restricciones para consolidar un nuevo sistema basado en el asesinato del padre, momento en que los hijos después de consumado el acto, por una obediencia retrospectiva y dominados por un sentimiento de culpabilidad, desautorizan su propio acto, prohibiéndose dar muerte al tótem y rehusando todo contacto sexual con las mujeres que ahora hubieran podido poseer. ¿De dónde proviene en esa situación el remordimiento?, se pregunta Freud; y su respuesta es que aquí encontramos nuevamente la participación del amor en la génesis de la conciencia moral. “Es porque primitivamente existió un amor al padre, que una vez satisfecho el odio mediante la agresión, el amor volvió a surgir en el remordimiento consecutivo, erigiendo el superyó, por identificación al padre.”

De esta manera los preceptos del tabú surgen como Ley que determina en la vida de los hombres un doble fundamento: la obligación del trabajo impuesto por las necesidades exteriores, y el poderío del amor que impedía al hombre prescindir de su objeto sexual y a ésta, de esa parte separada de su seno, que es el hijo. Hasta ahora nos hemos referido a la participación del amor en la constitución de la familia primitiva, veamos ahora la relevancia de dos términos: Eros y Ananke (amor y necesidad) en la constitución del sujeto. El organismo del recién nacido –dice Freud–, por las características especiales de prematuración en el momento del nacimiento, no puede llegar a la satisfacción de sus necesidades sin el auxilio del Otro, que es el prójimo por excelencia, Otro omnipotente que se encarna habitualmente en la madre. Es ese Otro el que responde al llamado que le hace el sujeto en su estado de indefensión absoluta, aportándole el alimento, y con ese aporte se produce un estado de calma, de relajación, que queda inscripto en el aparato psíquico, como una experiencia absoluta, mítica, de una satisfacción total –vivencia de satisfacción, la llamará Freud– que se transformará para el sujeto en el modelo de aquello que tratará de alcanzar en el futuro. Pero hay la imposibilidad de reencontrar ese objeto mítico originario. No pudiendo encontrarse este das Ding el sujeto trata de repetir la experiencia, dirigiéndose a otros objetos, las cosas, no la Cosa. ¿Pero qué relación se establece entre este sujeto insuficiente y este Otro omnipotente? Se establece una relación de amor, de amor anaclítico, que es, como dice Freud, un amor a la persona de la cual dependemos, la madre nutricia, el padre protector, persona que no es un semejante sino un Otro como tal, un gran Otro. Para aproximarnos a la comprensión de esta primera relación de amor, podemos tomar el texto de Freud, de 1920, Psicología de las masas y análisis del yo, donde nos dice que la identificación en psicoanálisis es la manifestación más temprana de un enlace afectivo a otra persona, y que la más arcaica es la que él denominó “identificación primaria”. Esta identificación tiene la particularidad de que no es del orden del tener.

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10.- LOS CLOWNS: MUCHO MÁS QUE PAYASADAS

Sino del ser, pues el sujeto quiere ser como el padre, reemplazarlo en todo, lo toma como modelo y se lleva siempre a cabo a través de un único rasgo; el factor interesado en este campo es el sujeto y no el objeto, por lo cual esta identificación es posible antes de toda elección de objeto.

Si bien Freud habla de la identificación, hace hincapié en el carácter parcial y extremadamente limitado de este fenómeno, pues se lleva siempre a cabo a través de un único rasgo; y entonces, ¿qué valor podemos darle a esta llamada identificación primaria, a esta parcialidad de la identificación, a fin de cuentas, imprecisa en Freud? Quizás, podamos darle el valor de ser una identificación que prepara el camino para la elección de objeto: quizás, podamos ubicar a este padre como polo del amor primario a condición de ver la identificación en el plano de lo simbólico, bajo la influencia del lenguaje, poniendo el acento en la función del significante en el campo del Otro.

De esta manera, podemos pensar, con Lacan, que el campo del Otro se constituye como soporte del sujeto y que la llamada identificación primaria es intrínsecamente simbólica, pues está estructurada de una manera original, radical, por la presencia del significante; función del significante que aparece como decisiva pues es lo único que nos abre la posibilidad de salir de la pura y simple captura en el campo narcisístico. Ideal del yo que incluye el yo por el amor que este yo le manifiesta, que lo unifica, frena sus pulsiones y hace de él un sujeto. Siguiendo la línea de este amor primero, amor en el origen, podemos añadir que está íntimamente ligado a la dependencia y a la angustia ante su pérdida. El pensamiento freudiano de 1925, en la época de su texto Inhibición, síntoma y angustia, cuando estructura definitivamente la causación de las neurosis, señala que “en la criatura humana se observa una larga invalidez y dependencia de otro y con ello queda intensificada la influencia del mundo exterior real (...) aparece elevada la significación de los peligros del mundo exterior y enormemente incrementado el valor del objeto, que puede servir por sí solo de protección contra tales peligros”. Concluye esta idea diciendo: “Este factor biológico establece, pues, las primeras situaciones peligrosas y crea la necesidad de ser amado que ya no abandonará jamás al hombre”. En el capítulo VII de El malestar en la cultura y a propósito del sentimiento de culpabilidad, Freud nos explica que al no haber en el hombre la facultad original, que dé cuenta del bien o el mal de sus actos, requiere de la participación de un elemento exterior que ejerciendo sobre él una gran influencia lo ayude a tal determinación. El mismo Freud se preguntará: ¿Por qué el sujeto se subordina a esta influencia extraña? La respuesta será: por su desamparo y su dependencia de los demás, por su miedo a la pérdida del amor. Textualmente dirá: “Cuando el hombre pierde el amor del prójimo de quien depende, pierde con ello su protección frente a muchos peligros, y ante todo se expone al riesgo de que este prójimo más poderoso que él, le demuestre su superioridad en forma de castigo”. En este caso, para Freud, el amor marca un lugar de subordinación, el miedo a la pérdida de amor es un antecedente de lo que será más tarde el miedo al superyó. Creo que a estas alturas de mi exposición, y a manera de concluir, debería resumir los aspectos señalados en esta comunicación, por medio de las siguientes interrogaciones: Este amor protector que defiende de la agresión exterior, que subordina al sujeto a una instancia exterior, que lo obliga a la renuncia de la satisfacción pulsional, dependencia amorosa de un Otro exterior, ¿es de la misma naturaleza del amor narcisístico?; Sostener que existe un amor que circula en el eje simbólico, es decir, que se establece entre el sujeto y el Otro como alteridad radical, ¿permite plantear que hay un amor más allá del narcisismo y del objeto en su dimensión imaginaria?; Si esto es así, ¿qué fundamentación metapsicológica debemos darle a este otro amor? Lacan se dio cuenta de esta diferencia esencial en cuanto al estatuto conceptual del amor, y a partir de ello pudo hacer su propio y original recorrido, pudo discriminar de entrada dos conceptos sobre el amor: El amor como pasión imaginaria; y el amor como don activo, amor que apunta a la particularidad, más allá del cautiverio imaginario, y que se constituye en el plano simbólico. Su acento estuvo puesto en este amordon, que apunta al ser del Otro, que trata de conseguir del Otro una respuesta, una palabra que represente la falta-en-ser-del sujeto, que exige la incondicionalidad del Otro, llamado que no puede ser respondido plenamente porque lo que pide es del orden el ser y no del tener. Es en esta dimensión del amor, amor como don, amor entendido como “el dar lo que no se tiene a quien no es”, donde podemos situar la originalidad de la concepción lacaniana sobre el amor, originalidad porque nos abre a nuevos amores posibles, no a “reinventar el amor” como dice el poeta, sino al amor como posibilidad de creación, de invención Uno entra como adulto, pero sale como niño Narices Rojas se creó el 1 de junio del 2006 por iniciativa de Raquel Rodríguez, actual presidenta. Es una fundación sin ánimo de lucro que trabaja para mejorar y potenciar la salud emocional a través de actividades y proyectos encaminados al desarrollo del programa “Terapia de la Risa”. Sus funciones promueven un mensaje simple en teoría, más no en la práctica: ríete de la vida. En cada acto uno se ve reflejado en el clown y se ríe de lo que a éste le pasa; o comparte con él, apoyándolo, ya sea con aplausos o gritos desde las butacas.

El ganador de un Oscar al mejor actor en 1998, Roberto Benigni, conocido por su interpretación como Guido en la película La vida es bella, nos dice: “El actor inventa o interpreta un personaje, mientras que el payaso encarna el suyo propio”, siendo así los clowns los creadores de su propia obra. El clown siempre sale al escenario con energía de ganador, incluso si su personaje es un perdedor (en tal caso saldrá con la energía del más grande perdedor de la historia); es en ese primer contacto con el público donde comenzará la función y, según su reacción, cambiará de giro esa energía y por lo tanto la historia. Todos hemos pasado por esto al enfrentar con una actitud positiva nuestras metas, pero las circunstancias hacen que poco a poco cambiemos. Alex Navarro, clown desde 1986 en España, comentó que “el ser un payaso no se aprende, está dentro de cada uno de nosotros; es solo cuestión de dejarlo salir, de desaprender lo aprendido; de desprendernos de las murallas que hemos ido poniendo con los años y dejar aflorar al niño que todos llevamos adentro.” Eso es lo hermoso y mágico de estas funciones: uno entra como adulto, pero sale como niño. En la antigüedad los payasos eran conocidos como los bufones. Uno de los más famosos de las cortes europeas fue Nasir Ed Din. Un día el rey se miró en el espejo y, triste por lo viejo que se veía, empezó a llorar. Los demás miembros de la corte decidieron que lo mejor que podían hacer era llorar también. Cuando el rey paró de llorar, todos pararon de llorar, excepto Nasir Ed Din. Cuando el rey le preguntó por qué continuaba llorando, él replicó: “Señor, tú te has visto a ti mismo en el espejo solo por un momento y has empezado a llorar. Yo te veo todo el tiempo”. El clown observa en todo momento hasta el mínimo detalle de la vida cotidiana con inocencia, poniendo todo su corazón
para estar con el otro. “Teníamos varios globos por el suelo y le pedí a mi hija, de 1 año, que me trajera uno; fue totalmente decidida a coger uno, pero antes de llegar a cogerlo sin querer le dio con su pie y el globo avanzó; me miró sorprendida, lo volvió a intentar varias veces y siempre le pasaba lo mismo. Era de risa total”. Esta es una anécdota de Alex Navarro para explicarnos lo que menciona en su artículo ¿Qué es un clown?: “El clown reacciona a cualquier impulso externo, viviendo en un mundo real donde comparte con todos, destruyendo así la cuarta pared dentro del teatro convencional”. Claret Clown afirma: “La cuarta pared en el payaso está detrás del público.” Obsérvate a ti mismo, tus acciones, tu manera de ser, de caminar, de ver el mundo, de expresarte. Todo esto cambiará si asistes a estas presentaciones.

Los clowns te invitan a arriesgarte de una forma sana, te robarán el corazón y te enseñarán a tener placer en todo lo que haces. No pierdas más tiempo y pregunta cuándo sale el siguiente tren de esta presentación, te aseguro que no serán simples payasadas. Después de todo, como decía el educador francés Chamfort: “El día más perdido es aquel en el que no hemos reído”. Más en www.naricesrojas.org

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11.- CINE CHIRO PERO DE CALIDAD

¿Te imaginas un día despertar tarde para ir a la U, no encontrar tu deber, ser detenido por testigos de Jehová, estar a punto de ser asesinado y todo para llegar y darte cuenta de que es domingo? Esto, junto con Fantasmas, Shamanes, novias asesinas, pesadillas, y hasta buseteros buena gente fueron algunas de las situaciones que pudimos ver en la primera edición del Cine Chiro.
Durante más de una década, la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Guayaquil, a través de sus estudiantes de Comunicación Social, han venido realizando de manera constante diferentes proyectos audiovisuales. Estas producciones, dotadas de gran calidad, se han ganado un espacio de difusión al público en general. Así nace Cine Chiro Vol.1. Tal vez no se trate de imagen de alta definición, ni animación en tercera dimensión, ni mucho menos altos presupuestos. Es cine del salón de clases, es cine con restringidos recursos técnicos pero rico en ideas frescas e innovadoras. Imagínate un Guayaquil en el que los buses de transporte público tuvieran azafatas, no tendrías que bajar al vuelo, pondrían la música que tú desearas, regresarían si te has pasado de tu destino e incluso los ladrones compartirían su botín contigo si estás quebrado; que el recolector de basura se lleve a tu hija por accidente y te la regresen como una muñeca; o peor aún, que un día despiertes y te encuentres con la sorpresa de que tu “orgullo”… ya no esta ahí. Esta clase de situaciones que sólo pueden suceder dentro de la pantalla, en algunos de los cortometrajes que se exhibieron en Cine Chiro y en los que se puede apreciar ese enfoque diferente pero que, sin embargo, no dejan de plantear un mensaje claro.

Los estudiantes encuentran en la producción audiovisual la manera de mostrar su mirada del mundo, de expresar cómo se sienten o incluso una oportunidad para denunciar problemas sociales, siempre agregándole una dosis de buen humor. La periodista Carolina Andrade, directora del área de Comunicación Social de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica, comentó que la idea del Cine Chiro nació porque “en los últimos años se ha venido ganando algunos reconocimientos en el área audiovisual, por lo que me parecía apropiado buscar un espacio para que el público pueda observar el trabajo de los estudiantes y no solo se quede en los salones de clases”. En esta primera entrega de Cine Chiro fueron proyectados 13 cortometrajes, sin embargo, aún quedan muchos trabajos por mostrar, por lo que ya se está planeando una segunda entrega para marzo del próximo año. José Daniel Cuesta, profesor de Edición y Producción de la Universidad Católica y encargado de la organización de este evento confirma que: “Vamos a seguir con estos eventos, también se va a organizar eventualmente una proyección de documentales realizados por los estudiantes”. El Cine Chiro es un espacio para que los estudiantes desplieguen su creatividad al tiempo que van adquiriendo experiencia en el campo profesional, es una forma de practicar divirtiéndote, sin restricciones, sin censuras. El Cine Chiro es mostrar el mundo a través de tus ojos.

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12.- GATO X LIEBRE

Se pega el primer grito salvaje de alegría al cielo. Al segundo del campanazo se desencadena una fuga furtiva que provoca una estampida tectónica. Todos salen disparados por puertas y ventanas, cualquier medio es el “propio”, si lo que se quiere lograr es salir corriendo en todas las direcciones posibles. Luego del caos ocasionado, desembocamos al cuello de botella antes de llegar a la única salida de la institución. Ahí es cuando se produce el verdadero intercambio de ideas que no se dan en las clases. Los amigos nos disponemos a abastecernos de combustible.

Erguimos nuestros cuellos y levantamos nuestros mentones hacia el cielo para incrementar de cierta forma el rango de olfato, y reconocemos un refinado olor familiar: las infaltables hamburguesas de todos los días, calien- Por Luis Miguel Alcivar Gato x titas y jugosas que se derriten en tu boca. Sin duda alguna las hamburguesas más deliciosas que he probado en mi vida, es así como sabe la carne de Dios. Nos acercamos a la pequeña carreta, pintada enteramente de azul, sobre las varias repisas están los condimentos a servirse con la hamburguesa: salsa de tomate, mayonesa asoleada, quesillo, ají y una salsa verde que nunca supimos lo que era. Con una agilidad inigualable el hombre comienza a armar y fusionar los ingredientes para comprimir el gusto y desencadenar a nuestras glándulas salivales. Hincamos el diente en nuestra comida. A los cuatro mordiscos, tragando todavía frente a la carreta, se detiene a raya un carro de policía. Dentro del auto van dos policías y alguien aparentemente común en la parte liebre trasera. El “alguien” resulta ser un miembro del instituto de sanidad. “Lo siento mucho pero su negocio tendrá que ser clausurado”, sentencia al hombre. Yo junto a mis compañeros miramos a este sujeto preguntándonos cómo se atrevía a clausurar el lugar donde premiamos a nuestros estómagos luego de amarrarnos los intestinos. El hombre de guayabera le indica a los policías que abran el compartimiento de la carreta. El hombre de la carreta se hace a un lado para que los policías lo abran: dentro se encontraba una enorme cubeta que contenía los restos mutilados de un animal muerto. Dejando ya de comer y con las bocas abiertas afinamos la vista para fotografiar de por vida esta escena: asomaba de entre todos los restos de carne el espectro de un perro despellejado, con el hocico semi-abierto y tieso, con una lengua que salía y caía de costado en reposo sobre los dientes de la bestia. Nos quedábamos mirando los rostros de todos los espectadores, luego, cabizbajos observábamos nuestras deliciosas hamburguesas de carne de perro.

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13.- ENTREVISTA "SOY UN AGENTE DEL CAOS"

En mi primera noche como practicante de psicología en el Asilo Arkham, mientras esperaba a mi tutor, el Dr. X, escuché siniestros gritos y lóbregas carcajadas, “Batman JAJAJA JEJEJE JIJIJI” provenientes de la celda número 7. ¿Quién hubiera imaginado alguna vez que aquel sería el caso que me asignarían? Al regresar el Dr. X del cuarto de archivos me entregó una carpeta manila con el historial del paciente de la celda 7, inscrito en letra imprenta se hallaba su nombre: Joker. Me senté fuera de la celda a leer los informes de la carpeta. Aquel extraño sujeto había sido atendido por 12 Psiquiatras y 7 Psicólogos en lo que llevaba del año interno en aquel lugar, cuyo nombre ahora quisiera olvidar. Había sido catalogado con tantas patologías como médicos y psicólogos lo atendieron: trastorno bipolar con episodio maníaco, trastorno esquizoafectivo, trastorno disocial de la personalidad, psicópata, sociópata, trastorno esquizoparanoide, etc. Mientras leía cada uno de los diagnósticos me pregunté: ¿Alguno de los que antes lo atendieron se preocupó por saber qué querrá decir este sujeto? Únicamente se referían al tratamiento medicamentoso que debía recibir y al pronóstico del tratamiento, que en la mayoría de los diagnósticos era desalentador: Lobotomía, reclusión de por vida. Hasta uno de los psiquiatras había presentado ante la comisión del DSM V El Joker como una nueva patología, sin tratamiento y sin pronóstico. Con tanto papeleo, me sentí entusiasmado por saber qué podía aprender de este caso. Mientras caminaba por el pasillo en dirección de su celda, recordé la clasificación de los animales que se encuentra en el libro Emporio celestial de conocimientos benévolos. En el cual llegan a las siguientes divisiones por las características de los animales: “


a) pertenecientes al emperador;
b) embalsamados;
c) amaestrados;
d) lechones;
e) sirenas;
f) fabulosos;
g) perros sueltos;
h) incluidos en esta clasificación;
i) que se agitan como locos;
j) dibujados con el pincel finísimo de pelo de camello;
k)que acaban de romper el jarrón;
l) que de lejos parecen moscas.”
Al ingresar en la celda, lo encontré sentado sobre una silla, encadenado a ella por sus muñecas y sus tobillos, sin posibilidad de moverse. A sus costados se encontraban dos guardias armados hasta los dientes. Tenía el rostro pintado de blanco y los labios de un rojo sangre, el carmín llegaba casi hasta la altura de sus orejas cubriendo un par de cicatrices en las mejillas. Sus cicatrices me petrificaron, fijó su mirada en mí.

—¿Quieres saber cómo conseguí estas cicatrices? —me preguntó con una voz de ultratumba,— Mi padre era un borracho y un desgraciado, una noche se volvió más loco que de costumbre.

Mami agarró un cuchillo de cocina para defenderse...
—¡Mentira! —gritó uno de los guardias—
Eres un farsante, payaso del demonio. En ese momento recordé que nunca debo dar más importancia al hecho que a lo que dice el sujeto. Es lo que él dice, su discurso, lo que realmente importa; en especial cómo se posiciona frente a lo que relata, ya que la memoria es constructora. Con este relato cortado acerca de sus cicatrices algunos dirían que cayó el nombre del padre o un padre perverso hace un hijo psicótico. Pero en la primera entrevista nunca se obtiene suficiente información como para lograr una aproximación a su estructura.

—¿Cómo se siente con sus cicatrices?— empecé a preguntarle... —Nada mal, ahora siempre sonrío, — contestó mirándome fijamente a los ojos, mientras una gota de sudor helado caía por mi frente— como siempre digo: lo que no te mata, te vuelve más raro. Sus respuestas eran tan lúcidas e irónicas, que me sorprendían. Sentía que estaba cayendo en un juego de nunca acabar.

—¿Por qué crees que estás aquí?
—Yo sé la verdad, no podemos volver.
Batman cambió las cosas para siempre.
—¿Quién es Batman?— pregunté pensando en sus gritos y carcajadas que en el pasillo me helaron la piel.
—Pues la gente lo ve como a mí, como un leproso, veras su código moral, su ética…
—¿Qué gente?
—Todo Gothan. Es solo un mal chiste, lo dejan cuando hay problemas. Solo son tan buenos como el mundo se los permite. Cuando las cosas estén mal tu gente civilizada se van a comer unos a otros.
—¿Y cuál es tu ética?
—Yo soy como un perro que persigue coches. No sé qué hacer con uno si lo alcanzara. Sólo hago lo que sé hacer: tomar un planecito y usarlo en contra de los que lo planearon ¡Cómo un perro! JAJAJAJA. Para evitar que se inhiba, continué preguntando.
—¿Cómo lo logras?
—Introduzco un poco de anarquía, trastorno el orden establecido y todo se vuelve un caos. Soy un agente del caos.
¿Sabes algo interesante del caos? Es justo —me contestó— La locura, como sabes, es como la gravedad. Solo necesitas un ligero empujoncito. Deberías temerme, deberías… mírame, ¡mírame! La ciudad se ha vuelto loca. JAJAJA JEJEJE JIJIJI Esa risa me produjo de nuevo escalofríos, pensé en que podrá ser un perverso y que estaba cayendo en sus redes. Me sentí como el capitán Willard mientras buscaba al Coronel Kutz en Apocalypse Now, de Coppola. Pensé en el error que cometí al finalizar mi análisis antes de tiempo.
Después de eso, me miró fijamente a los ojos y dijo:
—No soy un monstruo, solo estoy un paso más adelante...
En ese momento logró soltar sus cadenas y se abalanzó contra el guardia que lo había llamado mentiroso, burlándose de él...

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14.- TU ME COMPLETAS

Trastorno bipolar con episodio maníaco, trastorno esquizoafectivo, trastorno disocial de la personalidad, psicópata o perverso, sociópata, etc., son algunos de los diagnósticos que se le pueden atribuir al tan conocido archivillano de Batman: el Guasón. Lo diría un psiquiatra o un psicólogo, hasta un sociólogo podría caer en la trampa, si en algún momento le solicitaran hablar de él, difamando al pobre activista. Es reconocido que no puede haber mal sin bien, una antítesis a algo ya existente, esto sin caer en el juego dialéctico. La enfermedad para la salud, el estudiante para el maestro, la delincuencia para la policía, el paciente para el doctor. Y precisamente aquí radica la idea ingenua de poder acabar con una antítesis de éstas. Pues resulta dinámicamente inacabable y se manifiesta con una economía de igual a igual, si el intento de acabar con la delincuencia es mayor, pues mayor será el índice delictivo, y habrá tanta delincuencia, como operativos policiales. El Guasón es una derivación de una ciudad industrializada como se ilustra Ciudad Gótica, es una respuesta a las industrias Díaz, es la contestación a Batman, que en sí, también son susceptibles a diagnósticos, pero nos quedamos solamente con que son también una práctica sádica, así como tantas otras instituciones o dispositivos de poder. Es como el axioma de la educación, educar sin importar el cómo del asunto. Se muestra a un maestro severo amo de un saber que idealiza a todos sus estudiantes como ignorantes, pervirtiéndose toda intención de enseñanza. Obviamente surgirán los “guasones” del aula de clases, para establecer un equilibrio. De aquí, que el asunto es meramente político. Entes como el Guasón son expresiones sociales que persiguen una liberación, quizás, libidinal, a un sistema vorazmente industrializado e impositivo. Cada uno siguiendo su propia moral, la diferencia es que la del Guasón es conscientemente ideológica (por eso se dice en este texto que se trata de un activista), mientras la otra con intereses de control y progreso económico. Nuestro villano, no es más que un recuerdo de la dinámica social, de la perversa actuación y ejercicio de un sistema de poder, hacia el poder mismo, no hacia la sociedad per se, ésta es sólo su medio. Se diría en algunos contextos, que se trata de un síntoma y obviamente, se ha de querer eliminar y ya es sabido que regresará como retorno de lo reprimido y de otras muchas formas. Lo que se intenta ilustrar es que no hay un diagnóstico, que los sujetos son inajustables a un diagnóstico. En el caso de nuestro villano en cuestión, a lo que él concierne, es una demostración de que un dispositivo de poder no funciona, algo que el mismo Guasón se encarga de increpar, de echar culpa, tal como un superyó freudiano, sin embargo gracias a que existe este dispositivo bien instalado aunque maltrecho, es que el Guasón existe, “se completa”.

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15.- EL JOKER EN USTED

Analizar este personaje desde el punto de vista de la ética, suena un poco como un contrasentido, hubiera sido más fácil analizar a Batman. ¿Por qué un contrasentido? La ética es una reflexión sobre la moral, es decir estudia las normas, los valores que nos proponen lo “bueno”, aunque, como todo proceso reflexivo no deja de marcar los cambios que este concepto ha tenido a lo largo de la historia y en los diferentes contextos donde encuentra significado y por ende reconoce la dimensión de lo “malo”.

El Joker es la representación del mal, mientras que Batman representa el bien, ¿Satanás y Dios? Ambos personajes en la película describen la eterna lucha entre el bien y el mal. A esta conclusión nos permite llegar el diálogo de estos dos personajes, mientras Joker pendía de la batisoga. El diálogo recoge la naturaleza opuesta de ambos personajes. Batman no podía dejar de ser el “salvador del mundo”, incluso del mismo Joker y el Joker no podía de dejar de contender contra este salvador.

Su propósito era exponer la maldad del mundo, que el hombre viva de acuerdo a su ego y no de acuerdo a las convenciones sociales que le reprimían y que antes de hacerlos felices los alienaban. El experimento con éxito resultó en un procurador, defensor de la verdad, transformado en un nuevo villano: Dos Caras. ¿Quién es entonces el Joker? A la luz de los otros que lo miran desde afuera un loco, pues, solo estando loco se puede dejar de lado la condición bondadosa del hombre y obrar gozándose del mal que se hace. Otra interpretación del personaje sería decir que un delincuente, que merece ser encerrado o quizá ejecutado en alguna silla eléctrica; aunque este personaje no deja ver en su actuar deseo de poder o ambición por el dinero. Si hemos de juzgarlo desde la moral, el juicio es fácil y el veredicto certero: “Culpable”, que pague con la silla El joker en usted eléctrica o la cadena perpetua. Si hemos de juzgarlo por la ética, el juicio también es certero: “Culpable”. Pero antes de dar el veredicto, se debería reconocer que no se trata de un simple loco, es un hombre con un trastorno psicológico, responde a la psicopatía de la perversidad y en este punto deberíamos tener en cuenta que éstas patologías se adquieren en relación con otros seres humanos, en relación a un sistema moral y social que a algunos —¡gracias a Dios no todos!— “enferma”. ¿Por qué? Porque la condición humana de hacer el mal es tan fuerte como la de hacer el bien, la moral sirve para no agredirnos los unos a los otros sino más bien entender que la unión hace la fuerza para seguir adelante. ¿Reconoce el Joker que hay en usted?

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